El error que todo entrenador de voleibol comete (y que arruina a las jugadoras)
Imagínate la escena: estás esperando el ascensor y presionas el botón de llamada. El botón se ilumina en rojo, confirmando que ya se ha registrado tu solicitud. Tu realidad es que le has dado al botón, y esperas a que llegue el ascensor. Pero a los pocos segundos llega otra persona y vuelve a presionar el mismo botón que ya está encendido. Su realidad es que, igual estabas despistado, igual si le da otra vez llega más rapido, quizás.
Como si tu acción anterior no hubiera existido. Como si el botón necesitara una confirmación extra para funcionar correctamente. Lo cierto es que, si lo piensas bien, tu también habrás sido de los que llegan después y le dan otra vez al botón.
Se trata de un mismo fin, un mismo objetivo, pero con 2 visiones diferentes, dos realidades diferentes.
Esta simple metáfora ilustra perfectamente lo que ocurre día tras día en nuestros pabellones deportivos: la doble realidad entre lo que vemos nosotros como entrenadores y lo que realmente está pasando en la mente de nuestras jugadoras**.
La Trampa de Nuestras Percepciones
Como entrenadores, especialmente en categorías de formación, a menudo caemos en la trampa de creer que nuestras percepciones son la única verdad. Vemos a esa jugadora que parece segura de sí misma, que mira a todos de arriba hacia abajo, que celebra con energía, luego la vemos antes de enfrentarnos a un equipo muy fuerte, o cuando estamos perdiendo, y las caras que pone, y automáticamente etiquetamos: «Esta se cree una estrella». Pero, ¿y si esa misma jugadora está utilizando esa aparente confianza como un escudo para ocultar sus miedos más profundos?
La realidad es que no todas nuestras percepciones son acertadas. Al igual que quien presiona el botón del ascensor aun sabiendo que ya está iluminado, nosotros a veces actuamos basándonos en suposiciones incorrectas sobre el estado emocional y mental de nuestras deportistas.
El Peligroso Espejismo de las «Estrellas»
En el voleibol juvenil, es común encontrarnos con jugadoras que aparentan tener una autoestima elevada, que parecen desenvolverse con naturalidad bajo presión. Pero aquí está el primer gran error: confundir «aparentar»con «ser».
Una jugadora puede mostrar comportamientos que interpretamos como «estrellato» cuando en realidad está:
– Compensando su inseguridad con una fachada de confianza
– Sintiendo una presión enorme por mantener las expectativas que percibe de nosotros
– Experimentando ansiedad por no decepcionar al equipo
– Luchando con el miedo al fracaso que oculta tras una sonrisa
La gestión del estrés: mas allá de lo visible
Cuando observamos que una jugadora «no sabe gestionar las situaciones de estrés adecuadamente», nuestra primera reacción suele ser la crítica o la corrección inmediata. Pero detente un momento. ¿Has considerado que tal vez esa jugadora nunca aprendió las herramientas necesarias para hacerlo? ¿O que su forma de gestionar el estrés es diferente a la tuya?
Aquí es donde entra nuestro rol fundamental: «no somos jueces de sus reacciones, sino guías en su aprendizaje». Si una jugadora se bloquea en momentos de presión, nuestro trabajo no es etiquetarla como «débil mentalmente», sino entender qué está pasando en su mundo interno y ayudarla a desarrollar estrategias efectivas.
El entrenador como arquitecto de realidades
La pregunta crucial es: «¿quién si no nosotros?» Somos los arquitectos de la realidad emocional que viven nuestras jugadoras durante esas dos horas diarias de entrenamiento. Tenemos el poder y la responsabilidad de:
Crear un ambiente donde el error sea parte del aprendizaje
– No todos los errores son iguales: unos son de técnica, otros de decisión, otros de gestión emocional. En mi caso, los únicos dos errores que considero como tales son el remate a la red y la bola que cae sin que intentemos ir a por ella.
– Cada error es una oportunidad de crecimiento, no un fracaso personal.
– Enseñar que la perfección no existe, pero la mejora continua sí.
Desarrollar la inteligencia emocional individual
– Ayudar a cada jugadora a reconocer sus emociones antes, durante y después de cada acción. Enviar cuestionarios al comienzo de la temporada, y luego de forma periodica, de equipo e individuales, con preguntas específicas para saber un poco más y trabajar durante los entrenamientos y en la gestión de los partidos.
– Enseñar técnicas de autorregulación adaptadas a cada personalidad. Por ejemplo, la respiración y la visualización me funcionan muy bien.
– Fomentar la comunicación interna positiva en lugar de la autocrítica destructiva.
Construir resiliencia colectiva
– Mostrar que los momentos de dificultad son temporales y superables: El partido termina solo cuando el partido termina.
– Crear rituales de equipo que refuercen la unión en momentos de adversidad. Visualizar «palancas o botones de emergencias» que pueden apretar de forma imaginaria.
– Enseñar que apoyarse mutuamente no es signo de debilidad, sino de fortaleza. Pedir ayuda es de valientes.
De «YO» a «NOSOTRAS»: La transformación fundamental
El verdadero trabajo de un entrenador en categorías de formación no se mide en trofeos ganados al final de la temporada, sino en la capacidad de transformar un grupo de individuos en un equipo cohesionado. Esto supone trabajar también sobre ti mismo, e implica una revolución mental: pasar del «YO» al «NOSOTRAS».
El libro «Once Anillos de Phil Jackson» trata también de como este entrenador pluridecorado haya conseguido crear un grupo teniendo en su equipo varias estrellas, pasando del YO al NOSOTROS.
El «YO» limitante:
– «Yo tengo que ser perfecta»
– «Yo no puedo fallar»
– «Yo tengo que destacar»
– «Yo tengo la culpa de esa derrota»
El «NOSOTRAS» liberador:
– «Nosotras aprendemos juntas de cada experiencia»
– «Nosotras nos apoyamos en los momentos difíciles»
– «Nosotras celebramos los éxitos individuales como triunfos colectivos»
– «Nosotras somos más fuertes unidas que separadas»
Los Entrenamientos: El verdadero campo de batalla
Es una verdad incómoda pero real: «los partidos se ganan o se pierden, pero los equipos se construyen en los entrenamientos». Durante la semana, en esas sesiones diarias donde no hay público, ni presión mediática, ni resultado final que importe, es donde realmente forjamos el carácter de nuestras jugadoras.
En los entrenamientos trabajamos:
– La gestión de la frustración cuando un ejercicio no sale como esperamos. Es muy fácil cambiar de ejercicio cuando vemos que las cosas no salen bien, pero ¿Para que sirve un entrenamiento donde todo va bien?
– La capacidad de comunicación cuando hay que corregir a una compañera: «Bien hecho» es mejor de «bien dicho».
– La resiliencia cuando el cansancio físico se mezcla con el mental
– La confianza cuando probamos nuevos movimientos o estrategias: ¿como puedo? en lugar de ¡no puedo!
– La humildad cuando reconocemos que siempre hay algo que mejorar
Estrategias prácticas para los entrenamientos:
1. Sesiones de autoevaluación grupal: Después de ejercicios complejos, dedicar un par de minutos (por ejemplo, en el descanso para beber) a que cada jugadora comparta cómo se sintió y qué aprendió.
2. Rotación de liderazgo: Cada semana una jugadora diferente lidera el calentamiento, desarrollando habilidades de liderazgo en todas
3. Ejercicios de presión controlada: Crear situaciones de estrés en un ambiente seguro para que aprendan a gestionarlas
4. Feedback en sandwich: Por cada corrección, ofrecer un reconocimiento previo y un estímulo posterior. Por cada feedback negativo, 2 o 3 positivos.
El día del partido: solo la punta del iceberg
Sí, el día del partido todo puede decidirse por pequeños detalles. Un saque que se va por centímetros, un bloqueo que toca la cinta, una decisión arbitral discutible. Y es cierto que a veces, simplemente, uno de los dos equipos es objetivamente más fuerte y no hay mucho que hacer, siempre que nosotras hayamos dado todo en el campo.
Pero aquí está la magia del trabajo bien hecho durante la semana: un equipo que ha aprendido a funcionar como unidad, que ha desarrollado herramientas de gestión emocional y que entiende que el proceso es más importante que el resultado, tendrá más posibilidades de superar esos pequeños detalles adversos.
Off topic
Una compañera ha creado una serie de 4 libros sobre un equipo de voleibol, el Estrella Blanca, donde se tratan diferentes emociones percibidas por las jugadoras, además de la relación entre compañeras, con los entrenadores, en casa, etc. Se trata de una lectura fácil para niñas de entre 8 y 12 años, con momentos para la reflexión al final de cada capítulo. Te recomiendo su lectura:
La nueva temporada: una oportunidad de oro
Estamos al comienzo de una nueva temporada, y esto significa una oportunidad única para implementar cambios significativos en nuestra forma de entrenar. Es el momento perfecto para:
Establecer nuevas bases:
– Definir claramente qué significa «éxito» para nuestro equipo (y que no sea solo ganar partidos);
– Crear protocolos de comunicación que fomenten la honestidad emocional;
– Implementar rutinas que fortalezcan la cohesión grupal.
Reformular nuestro enfoque:
– Pasar de corregir comportamientos a entender sus causas;
– Dejar de asumir y empezar a preguntar;
– Transformar la crítica en coaching constructivo.
Desarrollar nuevas herramientas:
– Aprender técnicas básicas de gestión emocional para enseñar a nuestras jugadoras. La gestión emocional debería ocupar el mismo tiempo que la enseñanza de la técnica y de la táctica hoy en día;
– Estudiar las diferencias individuales en lugar de aplicar el mismo método a todas;
– Crear sistemas de feedback que construyan en lugar de destruir.
El entrenador como traductor de realidades
Nuestro rol va más allá de enseñar técnica y táctica. Somos traductores de realidades. Traducimos los miedos en desafíos, las inseguridades en áreas de mejora, los conflictos en oportunidades de crecimiento, y los fracasos en aprendizajes.
Cuando una jugadora se comporta de manera que interpretamos como «estrellato», antes de corregir, preguntémonos:
– ¿Qué está tratando de comunicar con este comportamiento?
– ¿Qué necesidad emocional está intentando satisfacer?
– ¿Cómo puedo ayudarla a expresar eso de manera más constructiva?
Construyendo equipos ganadores de verdad
Un equipo ganador no es necesariamente el que más trofeos acumula. Un equipo ganador es aquel que:
– Se levanta más fuerte después de cada derrota;
– Celebra los éxitos individuales como triunfos colectivos;
– Encuentra en el voleibol herramientas para crecer como personas;
– Desarrolla vínculos que trascienden la cancha;
– Aprende que el proceso de mejora nunca termina.
El momento de la decisión
Este es tu momento de decisión como entrenador. Puedes seguir presionando el botón del ascensor aunque ya este iluminado, o puedes empezar a observar realmente lo que tienes delante. Puedes seguir asumiendo que tus percepciones son la única verdad, o puedes abrir tu mente a las múltiples realidades que coexisten en tu equipo.
La temporada que está empezando puede ser igual a todas las anteriores, o puede ser el punto de inflexión donde decides convertirte en el entrenador que tus jugadoras realmente necesitan: alguien que las ve, las entiende y las guía hacia su mejor versión, no solo como deportistas, sino como personas.
Reflexiones
Al final del día, cuando apagues las luces del pabellón después del último entrenamiento, la pregunta que debe resonar en tu mente no es «¿ganamos hoy?», sino «¿crecimos hoy?». Porque los partidos se olvidan, los trofeos se empañan, pero las lecciones de vida que transmites a través del voleibol permanecen para siempre.
La próxima vez que veas a esa jugadora que crees que «se siente una estrella», acércate a ella. Pregúntale cómo se siente realmente. Escúchala. Puede que descubras que detrás de esa aparente confianza hay una niña que solo necesita saber que está bien no ser perfecta, que está bien tener miedo, y que está bien pedir ayuda.
Porque al final, todos estamos presionando botones de ascensor, esperando que alguien nos confirme que nuestra llamada fue escuchada
La verdadera victoria no está en el marcador final, sino en cada jugadora que sale de la cancha siendo una mejor versión de sí misma que cuando entró.



