Padres, hijas y voleibol: la delicada danza en la grada
“¿Por qué no juega mi hija igual que las demás?”
Levanta la mano si alguna vez, como entrenador de voleibol base (y más aún en equipos no competitivos), has notado esa mirada inquisidora en la grada. O ese WhatsApp cargado de buenas intenciones… pero también de dudas (“¿Vas a rotar pronto a mi niña?”). Porque sí, amigos y amigas del banquillo, gestionar la relación con los padres es como intentar hacer un saque ace con una pelota de yoga: exige técnica, carácter y mucha, mucha flexibilidad mental.
Hoy te traigo una reflexión desenfadada, directa al corazón y al cerebro, sobre cómo enfrentarnos al reto –y oportunidad– que supone conectar con las familias, especialmente cuando el principal objetivo es disfrutar y crecer, no colgar copas en la vitrina. Padres, hijas y voleibol: la delicada danza en la grada
Una verdad incómoda: No todos juegan igual (y está bien que así sea)
Al principio de temporada, el runrún siempre es el mismo: “Me gustaría que todas jueguen igual”. ¡Y ojalá fuera tan sencillo! Pero la realidad es tozuda: cada jugadora es un mundo, llega con un proceso diferente, une motivaciones distintas y objetivos personales que a menudo chocan con la idea romántica de “todas igual, pase lo que pase”.
La clave aquí es la honestidad. No se trata de encontrar excusas, sino de explicar con claridad que cada rol en el equipo es tan valioso como el resto. Y sí, a veces acompañar en la banda, animar, o ser la primera en dar la mano a quien entra en la pista, es tan importante como ser titular.
El poder de la comunicación radical (y repetitiva)
Aprendí que la comunicación –completa, sincera y, sobre todo, frecuente– es la base de la convivencia con los padres.
¿Te conocen? ¿De verdad conocen tu filosofía, la metodología y los valores que promueves durante la semana, no solo el sábado en el partido?
Desde el principio, pon las cartas sobre la mesa:
– Qué pueden esperar del equipo (¡y qué no!);
– Cuáles son los objetivos de temporada;
– Cómo se toman las decisiones de juego;
– Qué papel tienen ellas y sus hijas en este viaje.
Recuérdalo: lo que no se comunica se malinterpreta, y en la ausencia de información, las familias llenan los vacíos con sus propias historias. Mejor despejar dudas de cara.
La reunión de padres: tu mejor arma y tu mejor escudo
Convoca una primera reunión y sé valiente al abordar el “tema minutos” y la importancia de la experiencia colectiva. Explica que todas las jugadoras tendrán su momento, pero que el proceso es gradual y responde tanto al esfuerzo, como a la actitud y la evolución individual.
– Hazlo visual: una tabla sencilla, roles rotativos, ejemplos de jugadoras que cambiaron su papel a lo largo de la temporada.
– Dale voz a las jugadoras: que sean ellas mismas quienes cuenten qué esperan esta temporada y que sueñan con aportar.
– Marca límites claros: no se atenderán quejas individuales por minutos/posiciones delante de las jugadoras ni durante el partido, sino en espacios privados y programados.
Lealtad a las jugadoras, honestidad con las familias
Entre la presión de la grada y las miradas de tus jugadoras, sé leal antes que popular. Nunca prometas lo que no puedes cumplir (“todas jugarán igual, siempre”) y nunca sacrifiques el bienestar conjunto por evitar un conflicto puntual. La honestidad –a veces incómoda– es el mejor regalo que podemos darles.
Sé absolutamente transparente:
– Si una jugadora necesita mejorar un aspecto, comunica objetivos concretos y personales.
– Valora y comparte los progresos, por mínimos que sean.
– Haz seguimiento individual, para que cada una entienda su recorrido y meta personal dentro del equipo[1].
El “Nosotras” incluye a la grada
Los padres no son solo espectadores, a menudo son los mayores fans… ¡y a veces el mayor desafío! Invítalos a participar:
– En actividades de equipo fuera del campo: meriendas, juegos conjuntos, charlas de valores;
– En la creación de una cultura positiva (“Alentemos más, protestemos menos”);
– En la empatía: ¿cómo se siente su hija cuando ve que su padre/madre cuestiona al entrenador? ¿O a otras jugadoras?
Crea espacios de feedback seguros, donde puedan expresar preocupaciones de manera constructiva, sabiendo que siempre responderás desde el respeto y el foco educativo.
Off topic
Una compañera ha creado una serie de 4 libros sobre un equipo de voleibol, el Estrella Blanca, donde se tratan diferentes emociones percibidas por las jugadoras, además de la relación entre compañeras, con los entrenadores, en casa, etc. Se trata de una lectura fácil para niñas de entre 8 y 12 años, con momentos para la reflexión al final de cada capítulo. Te recomiendo su lectura:
Gestionando el conflicto: Ni culpables ni víctimas
El día que llegue el conflicto (sí, llegará), respira y cuenta hasta diez. Recuerda:
–Escucha primero: a menudo, solo necesitan ser oídos.
– Expón los hechos de manera objetiva, evitando interpretaciones personales (“Hoy tu hija jugó 2 rotaciones menos que la semana pasada porque estamos trabajando…”).
– Si la situación se calienta, difiere la respuesta (“Mañana lo hablamos más tranquilos, ¿te parece?”). No actúes en caliente.
– No personalices: habla siempre del rol, del momento, jamás de la valía o futuro de la jugadora.
Un equipo es… una escuela para padres
Al final, tu papel es también educar a los adultos en la cultura del deporte: ganar, perder, esforzarse, apoyar, esperar el turno, levantarse tras un error, celebrar el éxito de otra.
Hazles saber que tu objetivo es que sus hijas salgan del equipo siendo mejores personas, capaces de entender y aceptar diferentes roles, aplaudir a una compañera y disfrutar del viaje juntas. Que el resultado del sábado es importante, sí, pero no definitivo.
La gran reflexión: ¿Qué recuerdan las hijas cuando son mayores?
Te aseguro, pasado el tiempo, nadie se acuerda realmente cuántos minutos jugó aquel sábado, sino de cómo la hicieron sentir: parte de un grupo, valorada, escuchada y respetada.
Y los padres, si aceptan este reto contigo, verán crecer a sus hijas en todos los sentidos, dentro y fuera de la red.
La relación con los padres puede ser compleja, pero recuerda: **cuanto antes la trabajes, más fácil fluye la temporada y más lejos llega el equipo.**
El éxito en voleibol de base no se mide en victorias ni en minutos jugados, sino en la sonrisa y el crecimiento personal de cada jugadora.
La próxima vez que un padre te diga: «¿Por qué mi hija no juega igual que las otras?», sonríe, camina hacia él y dile: «Porque cada una tiene un papel fundamental, y mi mayor reto es que todas lo entiendan… y lo disfruten».
Y si lo logras, ganarás mucho más que cualquier partido.
El equipo empieza en la pista… pero también en la grada. Trabajémoslo juntos.
Y si quieres, puedes enviar esta carta a los padres para que vayan entendiendo un poco mejor su papel en este deporte.



