No sabe lo que significa
Llevo años sentado en banquillos de voleibol, y he perdido la cuenta de las veces que he escuchado a un padre, a un entrenador o a mí mismo decir la misma frase antes de un partido: «da lo mejor de ti». La decimos con buena intención. Pero rara vez nos paramos a pensar qué significa realmente, y sospecho que la mayoría de nuestras jugadoras tampoco lo sabe. Yo tampoco lo supe durante mucho tiempo.
He ganado algunas ligas. He perdido muchas más, algunas en partidos que todavía no consigo explicarme cómo perdimos. Y en todos estos años he llegado a una conclusión incómoda: «mejor» es una de las palabras peor entendidas del deporte, y probablemente de la vida. Hoy quiero compartir dos ideas que han cambiado la forma en que preparo cada entrenamiento y cada partido, pensadas tanto para el entrenador como para el vestuario.
Antes del resultado, hay cuatro cosas que sí controlamos. Cuando enfocamos a un equipo en el resultado —ganar el set, ganar el partido, quedar primeras— le pedimos que controle algo que, en gran parte, no depende solo de él: el rival también juega, el árbitro también pita. Eso genera ansiedad, no coraje. Lo que sí depende de cada jugadora, cada día, son estas cuatro cosas, que trabajo con mi equipo antes de cada entrenamiento y de cada partido:
- Dar lo mejor de mí: el cien por cien de lo que puedo dar hoy, que no es lo mismo que dar siempre el cien por cien de mi cien por cien.
- Estar presente: en la jugada que toca, no en el error de hace dos minutos ni en el marcador final.
- Estar agradecida: algo que casi nunca entrenamos y que cambia la actitud con la que se entra a la pista. El 95% de quienes estáis leyendo esto habéis nacido en un lugar y un contexto que os permite elegir, entrenar y competir en libertad. No es lo mismo tener hoy 8 años en Irán, o 18 en Sudán.
- Concentrarme en mis rutinas: en lo que puedo controlar, como el saque, la recepción o la comunicación con la compañera de al lado.

Al terminar el día, o el partido, la pregunta no es «¿hemos ganado?», sino «¿cómo nos hemos manejado con estas cuatro cosas?». Es un marcador que sí podemos controlar, y curiosamente, suele ser el que termina llevando al otro.
Y luego está la palabra «mejor», que yo entiendo de tres formas distintas.
La primera es ser el mejor: el mejor equipo, la mejor jugadora, el mejor entrenador. Ganas, y solo entonces tienes razón; pierdes, y eres una perdedora. Así lo entiende la sociedad. Yo no estoy de acuerdo: creo que ser el mejor es un efecto colateral de otras cosas, no un objetivo en sí mismo. Pensad en el tenis: Nadal y Federer se repartieron títulos durante veinte años —competir viene del latín cum petere, buscar algo juntos—. Ahora lo hacen Sinner, Djokovic y Alcaraz: comparten el nivel más alto del mundo y, aun así, solo una persona gana cada torneo. Ser el mejor no se persigue directamente; se persigue todo lo demás, y a veces «ser el mejor» aparece como consecuencia.
La segunda es estar en tu mejor momento. Pero, ¿cómo lo sabemos? ¿Depende solo de la forma física, o también de una parte mental que casi nunca medimos? Aquí el papel del entrenador es determinante: nuestro trabajo no es exigir el mejor momento, sino ayudar a detectarlo y acompañarlo. Muchos padres piden a sus hijas «da lo mejor de ti» antes de un partido sin saber que, simplemente, ese día no va a ser posible porque la jugadora no está en su mejor momento. Un buen entrenador lo detecta, y en lugar de exigir un pico que no está disponible, ayuda a fijar otro objetivo alcanzable.
Y eso nos lleva a la tercera definición, la que más me interesa como entrenador: hacerlo lo mejor posible. Prepararte para la tarea que tienes por delante, ir a cumplirla y amarla, aunque técnicamente ese día no salga bien. La amas porque sabes que es el trabajo el que te permite mejorar. Y cuando esto se convierte en hábito —tuyo y del resto del equipo— empezáis a sacar lo mejor las unas de las otras, incluso en los días en que nadie está individualmente en su mejor momento. A esto lo llamo la doble victoria: sacar lo mejor de tus compañeras y de ti misma, sin necesidad de ser, ese día, ni la mejor ni estar en tu mejor momento.
Si entrenáis a chicas jóvenes, como hago yo con mi cadete, os propongo algo sencillo: la próxima vez que estéis a punto de decir «dad lo mejor de vosotras» antes de salir a la pista, cambiadlo por las cuatro preguntas del proceso. Dad lo mejor de lo que hoy podéis dar. Estad presentes en la jugada. Estad agradecidas por poder estar ahí. Concentraos en lo que depende de vosotras.
El resultado, casi siempre, llega solo.



